viernes, 18 de mayo de 2007

La UEFA vuelve a cortar las alas al Espanyol

Una vez finalizada la final de la UEFA, me acordé de un profesor de Historia que tuve durante mi época en el instituto. Él siempre nos decía que para entender el presente teníamos que conocer el pasado, el problema es que a veces es mejor obviar la historia, La noche de autos, también me acordé de Ayrton Senna y de aquella frase de ganador que dejó instaurada en la historia del deporte mundial: El segundo, siempre es el primer perdedor. Nunca antes habían estado tan cerca Glasgow y Leverkusen, dos ciudades malditas para los seguidores periquitos, pero ya se sabe que la crudeza del fútbol tiene éstas cosas. Pocos deportes pueden presumir de tener la emoción que tiene el fútbol, donde la distancia entre la gloria y el fracaso está tan cerca, tan sólo la separan 11 metros.




Los 'pericos' se dejaron el alma durante los 120 minutos de partido, pero de nuevo la suerte se ausentó en la tanda de penaltis. La estampa fotográfica era la misma que en 1988, pero la sensación era distinta. Posiblemente fue más duro caer en Leverkusen, por la forma en la que se perdió una final que ya estaba ganada, pero el miedo a no ganar les pasó factura aquella generación de futbolistas encabezados por N'Kono, 'Tintín' Márquez o Valverde. Circunstancias de la vida, los tres forman parte del banquillo espanyolista a día de hoy, así que para ellos el desenlace del partido en Hampden Park ha sido como rememorar la historia, aunque esta vez con traje y credencial colgada en el cuello. Pese al resultado final, poco o nada se debe achacar al cuerpo técnico y jugadores. Perder de ésta manera duele, pero el orgullo sale reforzado. Personalmente prefiero morir con orgullo de campeón que caer 4-0 en una final europea, ¿o no?.

De nada sirve lamentarse. Los socios y simpatizantes del Espanyol, deben estar orgullosos de sus jugadores. Los futbolistas hicieron, sin saberlo, la mejor campaña de Marketing para el club. La imagen del Espanyol se ha proyectado por todo el mundo. Posiblemente, a día de hoy, hay más pericos en el mundo que al inicio del campeonato, y no debería extrañarnos ver niños japoneses con las camisetas de Tamudo, De la Peña, Pandiani o Luis García. Ahora el reto lo tienen los directivos. En sus manos está mantener el bloque o destruirlo por cuatro duros. Si quieren tener un equipo grande, eso sólo pasa por tener jugadores de calidad dentro de la plantilla. No puede pasar como en el 89, cuando unas decisiones ilógicas acabaron con el equipo en el pozo de Segunda. El precedente ya lo conocemos, así que no se puede volver a tropezar con la misma piedra.

Seguramente muchos han pensado que perder de nuevo una final continental ha sido un paso atrás en las aspiraciones de la entidad, pero puede haber sido un paso para tomar impulso. Si se trabaja bien, la final de Glasgow puede interpretarse como la primera piedra de un gran proyecto. Un proyecto que pasa inevitablemente por Cornellà, el estadio que debería ser testigo del primer entorchado europeo en la historia del club. Almenos ese es el sueño de sus socios, y ya se sabe que en ocasiones, los sueños se acaban cumpliendo...