Por la banda derecha tenemos al ‘Tulipán Negro’, el inconfundible Ruud Gullit. Un jugador ofensivo completísimo, se sentía a gusto por la banda, de centrocampista, media-punta, como segundo delantero o delantero centro. Durante su carrera en sus distintos clubes llego a ocupar todos estos puestos, y hasta jugo de libero al final de su carrera en el Chelsea.

Tras destacar como delantero centro en el PSV Eindhoven, ganando dos títulos de liga, Gullit fue fichado por Silvio Berlusconi para el AC Milan en 1987. Bajo el mandato de Arigo Sacci, Gullit se convirtio en la figura del que es ahora considerado uno de los mejores equipos de todos los tiempos, ganando tres ligas y dos Copas de Europa. Aquí, Gullit llego a ocupar una posición mas retrasada, a la cual se adapto perfectamente. Nunca antes se había visto tanta superioridad física de un jugador ofensivo en la Seria A. Su potencia y velocidad eran prácticamente imparables.
Sin embargo, lo destacado de Gullit no era solo su tamaño y potencia, sino el hecho de que venían aliados con una técnica, sutileza y elegancia al alcance de muy pocos. Estos dotes se podrían agregar a su gran poderío aéreo, y su domino del balon con los dos pies. Ademas de todo esto, su capacidad de liderazgo y la habilidad de contagiar a sus compañeros su alegría sobre el campo fueron las características que le permitieron consagrarse como el mejor jugador del mundo durante unos años.
Desafortunadamente, Gullit nunca llego a destacar en los campeonatos mundiales, lo cual parece como un punto negro. Sin embargo, el momento mas alto de su carrera llego en la Eurocopa de 1988, cuando guió a Holanda hacia su primer y único gran titulo internacional. Junto con Marco Van Basten, fue la estrella del torneo y marco el primer gol de la final ante la Unión Sovietica.
Un jugador extraordinario, que a pesar de lo que ha logrado, da la impresión de que hasta pudo haber llegado a mas. Quizás a causa de lesiones, o por varios desacuerdos con sus distintos entrenadores, Gullit no llego a escribir su nombre en lo más alto de la historia del fútbol. Sin embargo, un Gullit en su mejor momento entraría en cualquier equipo del presente o de la historia.
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