La media punta de este equipo tiene un sabor galo. Hace una década, hubiera sido Michel Platini el seleccionado para dirigir la orquestra ofensiva. Ganador de tres Balones de Oro y máximo goleador de la Serie A e tres distintas ocasiones no es una mala carta de presentación para un centrocampista, que además contaba con innumerables asistencias para sus compañeros. El capitán Francés fue el artífice del victorioso Campeonato de Europa que logro su selección en 1984.
Sin embargo, durante los últimos diez años ha habido una estrella que ha deslumbrado mas que cualquier otra. Si Platini levanto a Francia hacia la gloria Europea, Zinedine Zidane llego a conquistar el mundo.

Ciertas generaciones futbolísticas son marcadas por un solo jugador que destaca más que cualquier otro. Esta última etapa será recordada como la de Zidane. Con Francia lo ha ganado todo, y la suya fue la primera selección en conquistar un Mundial y el Campeonato de Europa sucesivamente (1998 y 2000). En sus varios clubes, la Juventus y el Real Madrid en particular, ha conquistado ligas, copas y la Copa de Europa, además de sus títulos individuales como son un Balón de Oro y tres FIFA World Player Awards.
Sin embargo, cuando se habla de Zidane no solo se habla de lo que ha ganado con club o selección, o de que era considerado el mejor jugador del planeta durante toda una década. Como cualquier otro jugador en este equipo, necesita algo más que le destaque, y con Zidane es sin duda su incomparable elegancia.
Nunca ha habido otro jugador que igualaba la estética que demostraba Zidane cuando jugaba. No solo por la gran calidad de los goles que marcaba, sino por su toque de seda, elegancia y equilibrio. Cada control, cada pase, cada gesto técnico eran realizados con una precisión y una belleza jamás vista antes o desde entonces. Agregando a esto su habilidad de controlar el ritmo del partido, crear espacios y oportunidades de gol para sus compañeros, y su capacidad de decidir los partidos importantes con goles de altísima calidad le definen como uno de los gigantes de este deporte.
Solo una mancha negra en su currículo. Pudo haber ganado un segundo campeonato mundial, y terminado su carrera a lo grande. Sin embargo, nunca olvidaremos lo sucedido en la final de la copa del mundo de 2006, cuando su momento de locura fue fundamental en la derrota de Francia ante Italia.
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