Es común hoy en día en el fútbol escuchar los ecos de final de partido, frases y declaraciones como: “Yo nunca hablo de los árbitros, pero lo de hoy ha sido un atraco”… “El arbitro quiere perjudicarnos”... “El arbitro era malísimo”… “Nos ha pitado fatal”.
No se si sean simples justificaciones o verdaderamente el sentir que un partido se te fue de las manos por culpa de un solo hombre neutro y no de 11 rivales. El árbitro es el Jesucristo siempre, es el que crucifican pase lo que pase. Sin embargo si se tiene que ser justos, es humano. Es decir, hoy día el fútbol es más físico, más rápido…más difícil para emitir un juicio en una milésima de segundo.
Pero ojo, los árbitros no es que sean malos o tengan la culpa de todo lo malo que le sucede a un equipo, son humanos como cualquiera, pero claro, si hay que echarle la culpa a alguien, que mejor que sea el que dicta sentencia. A mí me gustaría echar una pregunta al aire: ¿Qué pasa cuando los árbitros aciertan? Nada. Nadie aplaude, nadie dice “animo, cada vez será mejor”. Eso si, si cometen un fallo notable, cargan la cruz más pesada que puedan, y si es a un equipo grande el que perjudican, la prensa, los medios audiovisuales, y la afición, los hace sentir en una tormenta de críticas inacabables.
Ese es otro punto a tocar…los equipos grandes. Normalmente (para la afición), los árbitros “benefician” de cierta manera a los clubes grandes de cada país. Llámese Madrid, Barcelona en España…América, Guadalajara en México…Manchester, Chelsea en Inglaterra…Y claro, es la justificación perfecta para la derrota de tu equipo (si es de llamarse chico) ante un grande. Objetivamente, no es la preferencia a tal o cual equipo, puede que incluso ni siquiera sienta simpatía por esa institución el colegiado. Sin embargo, la presión que ejercen los clubes de esa magnitud es de igual manera enorme. No presión de afición, ni presión de dinero, sino presión de prestigio.
Directamente en el tema de los errores arbitrales, que es el que más interesa por la cuestión de “culpar a alguien”. Ciertamente, cada que se puede se marca el error del colegiado alegando que “no vio o no marco un penalti”. La FIFA se ha encargado de corregir de cierta manera estos errores recurriendo a la tecnología. Y es ahí justo cuando se arma un nuevo debate: ¿se debe o no usar la tecnología? Y entonces surgen las quejas de que es un deporte humano y debe decidir el sentido común. Entonces así, jamás se mantiene feliz al pueblo, que como decía el Cesar en el Antiguo Imperio Romano “Al pueblo, pan y circo”.
Sobre este tema, aún están latentes fallos muy criticados en el Mundial de Alemania, el caso del árbitro que escatimó un penalti clave a Japón, o el que no le han pitado a su favor a Francia contra Suiza, o el gol fantasma de Ayala a Costa de Marfil. O más reciente, en el de Sudáfrica, el grosero error de Jorge Larrionda no dando valido el gol de Inglaterra contra Alemania cuando la pelota rebasó en su totalidad la línea de gol, o la anotación en fuera de lugar de Carlos Tevez a México. En ambos partidos, los errores arbitrales repercutieron en el resultado y en la eliminación tanto de Inglaterra como de México.
La cuestión es que un campeonato tan corto se decide por matices, y los errores de los árbitros terminan teniendo un elevado grado de importancia. Por eso la pregunta: ¿resolvería la tecnología estos errores? Es algo que se esta tratando de hacer en el fútbol, de dar ese siguiente pasito. En el fútbol americano hace mucho se usa incluso la repetición, en el base ball, mas preciso aun se necesita micrófonos, incluso en el básquetbol (aunque no se necesite tanto).
Valentin Ivanov… ¿es familiar el nombre? ¿Gamal Gandour? Estos hombres podrían decir que desgraciaron la vida al fútbol y por supuesto, a uno que otro aficionado. Bueno, a muchos cuantos. El primero: ruso, ultima aparición (y esperemos lo sea) en Octavos de Final de la Copa del Mundo celebrada en Alemania en 2006. “Disparó” 16 tarjetas amarillas y 4 tarjetas rojas, en el partido entre Portugal y Holanda. Un desastre total. El segundo individuo, sonará muy familiar. Y seguro que con enojo. Aquel que pitó el Corea vs España en el mundial de Corea y Japón 2002 en los cuartos de final. El hindú que arruinó el sueño español de seguir con vida ese mundial, anulando goles a lo tonto.
También se debe de ver la cara buena de la moneda. Pierluigi Collina, ejemplar árbitro italiano que pitó la final del Corea y Japón o de Horacio Elizondo, arbitro argentino que pitó la final de Alemania 2006 (mejor recordado por ser quien expulsó a Zidane CORRECTAMENTE por el cabezazo a Materazzi). En fin, la clave del éxito de estos dos hombres, no es mas que el dialogo con los jugadores, no polemizando las jugadas apretadas y consultando muy bien con su equipo de trabajo, los jueces de línea, todo lo que parezca en un principio difícil de decidir en el momento.
Otro tema interesante será la preparación mental, ya que los principales árbitros necesitan desarrollar las habilidades mentales y psicológicas junto a unos niveles de salud adecuados para que se puedan adaptar a la modernización del juego. Indudablemente el factor mental es trascendente no solo para la motivación, sino para la toma de decisiones al momento.
Otro tema de suma importancia es ahora que esta de moda esos de las primas económicas. Ciertamente no se puede “primar” un arbitro. Pero paradójicamente, cuando se escucha la palabra “corrupción” en el fútbol, el nombre del árbitro es el primero en salir. Es el primer sospechoso en todo. Y no siempre es así.
Voy a dejar algo en claro, los árbitros son siempre para un equipo el ángel y para el otro el demonio. Así es el fútbol. Jamás será para ambos equipos el ángel ni para ambos el demonio. Sin embargo, firmemente digo que gran culpa de esto lo tienen las federaciones internacionales y no directamente los hombres de negro. Puedo hablar por el calvario que vivo. Digo calvario pues si mi pasión es el fútbol y mi rabia las malas decisiones arbitrales, es cuestión de matemáticas para entender lo que quiero decir.
Entonces, concretamente, hace ya un tiempo, tuve la oportunidad de escuchar la conferencia de un árbitro, por supuesto defendiéndose y en definitiva, saque tantas conclusiones como preguntas. Retomando el tema anterior donde culpo a las federaciones, lo digo porque en México (hablo por lo que vivo, repito) la elección de árbitros para cada partido, se rige en un ordenador tan tonto como impreciso y por tanto injusto. Este pequeño aparato escoge aleatoriamente cualquier partido (si, cualquiera…descenso, finales o clásicos incluidos) al colegiado que pitara el partido. Lo gracioso, que a mi me lo parece, es que si de nuevo aprietas el botón para elegir, salen otros diferentes. Entonces mi conclusión es que el partido del fin de semana depende de la suerte y nada más.
Insisto, así como hay unos árbitros buenos, hay unos que no das un centavo por ellos. No me viene a la cabeza ahora el nombre de algun árbitro internacional que pueda comparar con el árbitro mexicano del que voy a hablar, pero seguramente después describirlo, más de uno habrá ya elegido a su candidato gemelo. Se llama Marco Rodríguez, mejor conocido como “Chiquidracula”(por el peinado, estilo Mijatovic…kilos y mas kilos de gel). El hombre con más facilidad de llevar su mano derecha al bolsillo de enfrente. Pero en definitiva, le gusta mas llevárselo a su bolsillo trasero.
No importa cuán importante es el partido que se desarrolla. Siempre surge su protagonismo y opaca a ambos equipos o en su caso a alguna figura que este entre esos equipos. Claro, y si esa figura intenta retarlo haciéndose valer por su autoridad mediática, “Chiquimarco” no se anda con juegos…lo echa y demuestra quién es el que manda. No dialoga con los jugadores y sus decisiones son demasiado apegadas al reglamento.
El segundo gran error que cometió México en el mundial de Alemania (el primero fue el autogol ante Argentina) fue llevar a este hombre como representante por México. Afortunadamente teníamos “al bueno” que es Archundia, que por cierto, a diferencia de la selección, él si llego al quinto partido… ¡y sexto! (pito una semifinal). Marco Rodríguez fue por la desafortunada renuncia o inhabilidad (no recuerdo bien) de otro arbitro, y fue el “plato de segunda mesa” para la FIFA.
Pasó su primera prueba en su primer partido. Pero el segundo fue para olvidarlo. Costa de Marfil vs Serbia. Cierto que ya no se jugaban nada pues el grupo ya estaba decidido. Aunque me corrijo, pues en un mundial se juega todo siempre a pesar de estar eliminado. Es un mundial, el mejor escaparate para un jugador y donde el orgullo de un equipo se demuestra. Todo iba bien hasta los minutos finales, donde marcó inexplicablemente dos penales a favor de Costa de Marfil y expulsó a un jugador por bando. De nuevo, vino el protagonismo. Le ganó ese gusanito de querer ser el centro de la atención.
Puede ser algo psicológico. Pero en realidad no consta que los árbitros estén preparados mentalmente para diferenciar la importancia de los compromisos. Es humano que cunda la desesperación cuando el fallo arbitral se produce, lo que no es justo es convertirlo en algo mal intencionado o utilizarlo para justificar lo injustificable. Hoy en día, ya no se pone en duda la preparación física de los árbitros, así como algunas veces, nunca se haya dudado de sus conocimientos sobre las reglas de juego. Pero existen otros factores que aunque aparentemente identificados o generalmente reconocidos, aún no se entrenan adecuadamente; me refiero una vez más, a la preparación psicológica del árbitro.
De ahí nace el chiste que dice que los árbitros no tienen piedad entrañas:
En el colegio de arbitros:
- Hola, buenas; mire, yo quiero ser arbitro.
- ¡Miguel! Ven a tomarle los datos a este desgraciado.
- Un momentito, que yo no soy ningún desgraciado!
- ¡¡¡Miguel!!! ¡No vengas, que no sirve!
Esto demuestra parte igual que a veces los árbitros dentro del terreno de juego usan la altanería con los jugadores para demostrar quien es el que manda en el terreno de juego…cuando el que debería de mandar es el gol, que finalmente se trabaja para lograr ese objetivo.
Ser árbitro es definitivamente difícil, no me puedo poner en su piel ni zapatos, pero si en su trabajo desde el punto de vista como aficionado y periodista. Porque como humanos, los árbitros se equivocan, y los fanáticos no perdonan el más pequeño desliz. Pero si se trata de un error más que un desliz, el árbitro corre peligro. De hecho, ha habido árbitros a quienes les han caído sus buenas dosis de recordatorios a su madre y demás… en todas partes del mundo.
Los árbitros se equivocan, como también los delanteros fallan, los porteros no logran detener o los centrocampistas no son certeros en un pase. Es decir, son humanos, como todos y tienen también el derecho a equivocarse, así como dicen los aficionados que tiene derecho a ser criticados, pero no agredidos. También tienen el derecho de justificarse y también tienen el derecho de tratar de hacer lo mejor posible su trabajo.
Sin embargo el mundo es injusto, y el mundo del fútbol lo es más. Por eso mismo digo, si existen los buenos y existen los malos, existe el infierno y el cielo. Pero quien es quien para juzgar quien es bueno y quien es malo. Lo que esta claro es que para la afición, para todas las aficiones, el árbitro siempre será Pilatos, y su equipo Cristo. Así es la afición, inocentes pero injustos.