martes, 8 de julio de 2014

La saeta que se va

Supongo que todos coincidirán conmigo que es oportuno  hacer una pausa a la desgraciadamente casi finalizada fiebre mundialista. Y la razón es por mucho, la más poderosa en este negocio llamado futbol.

Dice Jorge Valdano, que como en los naipes, hay 4 reyes en el balompié: Pelé, Maradona, Cruyff y Alfredo Di Stefano. Nada es para siempre y hemos perdido a este último.

Es el primer gran mago del futbol mundial. “Saeta rubia”, por la cabellera tan brillante como su manera de jugar futbol.  Nació en Barracas, como la canción de “matador” de Fabulosos Cadillacs. Argentino de cuna pero español por adopción. Bautizado con River Plate, confirmado con Millonarios y consagrado con el Real Madrid.

Un amistoso entre el club bogotano y el español hizo a Don Santiago Bernabeu mirarlo con lujuria deportiva. Lo convirtió en el objeto del deseo, en su capricho de cada día. Lo fichó y Di Stefano le cambió la vida al equipo de Chamartín.

Tal como su blanco uniforme, contagió pureza en su estilo y paz entre sus compañeros. Irreverente con la pelota, anotó goles, incontables para ser exactos. Dos balones de oro y cinco Copas de Europa con el Real Madrid, silencian cualquier intento de argumento.

La bandera rojigualda lo enamoró y lo envolvió hasta naturalizarse. Don Alfredo también sufrió las injusticias del futbol y sus planes sin aviso y privándolo de jugar un mundial. Diferentes motivos hizo que Di Stefano pagara su lugar y momento equivocado de no poder sentir la brisa mundialista ni con Argentina ni con España. Esto, entre lesiones, abstenciones y eliminaciones. 

Ya con maestría dentro del campo, se graduó con un doctorado en descubrimiento. “La quinta” lleva su firma. Es el autor mudo e intelectual de este tradicional ataque madridista. Las viejas generaciones lo comparan con Messi hoy día. Yo pienso que en el futbol no existen comparaciones, solo transformaciones.

Yo no sé si esta columna quede corta para elogiar, recordar y disfrutar a Alfredo Di Stefano. Supongo que sí. Yo que no lo vi jugar, podría escribir un libro. El que sí lo vio jugar, una biblioteca. Y es que, el futbol nos maravilla, apasiona y coquetea con tantas historias que es insuficiente el papel y el tiempo para contarlas. Por eso, Don Alfredo insistía que podría repetir lo hecho . “¿Qué me hubiera gustado si no fuese  futbolista? Ser futbolista otra vez”. Descanse en paz, Don Alfredo Di Stefano Laulhé.

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