
Es sorprendente el nivel de subjetividad que alcanzamos cuando algo es de nuestro agrado o, al contrario, nos desagrada en demasía. Pasa en la vida cotidiana, con nuestros amigos, parejas y hasta en el trabajo. Incluso cuando éramos niños, y algún profesor le tenía buena a un alumno, y perseguía hasta el cansancio al otro. En Chile, a esos profesores les llamamos "barreros".
Pero el caso que no deja de sorprenderme es cuando los que son poco objetivos son profesionales, que se supoe, entre otras cosas, estudiaron para ser (o intentar) ser objetivos. Y claro,alguien me puede decir que el fútbol es algo demasiado pasional, pero eso dejémoslo para los hinchas. Uno tiene su corazoncito, pero cuando hay que demostrar altura de miras, es decir, frente al lector (en el caso de un diario), no podemos mirar al lado.
Y digo esto porque en estos últimos días (aunque en realidad, ha sido durante todo el tiempo que estoy en España) he visto como los diarios madridistas As y Marca, y barcelonistas Mundo Deportivo y Sport, cambian la historia cada uno para su conveniencia, y haciendo que hasta las derrotas más holgadas, parezcan sin importancia y con una alegre sonrisa en sus páginas. Por ende, aunque el eterno rival gane, guste y golee, siempre va a ser por las lesiones del rival, la ayuda arbitral o simplemente, por la suerte. Porque en diario archiprofesionales, en más de una ocasión he podido leer que esta ha sido una razón para ganar un encuentro del enconado rival.
No quiero ponerme en ninguna orilla. De hecho, por ser extranjero, puedo mirar esta eterna pelea del Real Madrid y Barcelona de una forma mucho más objetiva que los que están "en el ruedo". Asimismo, reconozco que también me cuesta escribir cuando se trata de mis equipos en Chile, Universidad Católica y Provincial Osorno (el de mi ciudad), aunque muchas veces lo he hecho. Porque soy un profesional.
Es por ello que, pensando estos días en ello, me encuentro hoy (viernes 15 de junio de 2007), con una columna en el Diario As, escrita por Tomás Roncero, que me interpretó bastante.
Se titula "El doble rasero con el Madrid", y en algunas de sus partes, señala que "Me pregunto qué se hubiera dicho y escrito si en vezde Calderón, hubiesen sido Laporta, Del Nido o Angel Torres los que hubiesen bajado al césped a abrazarse con su afición. Quizás algo así: "¡Qué gesto más sensible del presidente con su gente!". Pero resulta que lo hizo Calderón, y como representa a ese Madrid que para algunos es una fijación obsesiva desde que se levantan hasta que se acuestan, pues a darle palos hasta en el velo del paladar".
También añade que "Se trata de darle una vuelta perversa a todo lo que rodea al Madrid. Resulta que la implacable labor de despacho realizada desde el pasado lunes en el Bernabéu ha conseguido que la Fifa dé luz verde a la alineación de Robinho y Diarra ante el Mallorca. Pues ya hablan de "vergonzosa decisión del madridista Blatter". Y digo yo, ¿por qué nadie se queja de la extraña presencia de Arango (jugador del Mallorca y seleccionado venezolano) en el partido, a pesar de que los isleños sólo se juegan el orgullo y la prima?".
Con esto no quiero entregar necesariamente la razón al diario AS (de hecho, notas y columnas así, y con razones tan valederas como éstas, aparecen en los diarios catalanes), sino que poner un ejemplo de que siempre hay que mirar a los dos lados de la calle, y no sólo a uno. Sino, el camión de la poca objetividad nos puede atropellar.
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